Hoy me vi al espejo con cuidado.
Hace siglos que no lo hacía y hoy lo necesitaba.
Tengo un ojo que me pica y solo ve deformidades,
el otro le pone color a un día que pasa entre las sombras.
Quise encontrar mi cabeza y la sentí ligera,
a un suspiro del cuello y separada del cuerpo.
Esto ya me pasó antes, el asunto está en encontrar el corazón.
Meto las manos en el pecho y se me escapa
gritando insultos con sabor a ausencia y sueños postergados.
Esto ya no tiene arreglo,
seguramente andará latiéndome en los pies,
quejándose de las patadas y los charcos de lluvia triste.
La otra vez lo encontré tirano
cabalgando en mis terrores
esperando ahí abajo, riéndose,
seguro de que hoy no hago el viaje de la cama al mundo.
El cerebro desesperado clasifica recuerdos,
ata cabos y muestra documentos.
Eficiente como funcionario recién llegado,
arma juicios para probarme que he vivido.
Subraya buenos tiempos para que el punto final
se convierta en suspensivos.
Pero todo es inútil
El llanto es ahora quien recoge mis partes,
como agua de calle va juntando desperdicios.
Así van mis lágrimas recogiendo mis pedazos.
A veces, hasta mis vecinos lloran
y lloran los buses y las monedas sucias,
y llora mi cama
y mis sueños amanecen con los ojos hinchados
y me río llorando de que ya no se ni por què lloro.
Y entonces hago un chiste para comprobar si cuando río lloro.
Y río y río hasta que lloro
y veo que otra vez erré el camino,
que otra vez lloré el camino.
Llorando siempre, llorando a tiempo
Llorando por las dudas y por si las moscas.
martes 1 de diciembre de 2009
miércoles 18 de noviembre de 2009
poemorfosis
Estoy soñando un escarabajo
en forma de poema
o quiero un poema y un escarabajo?
Es un poema, ahi arriba
yo lo veo, mis patas no lo pueden tocar
El escarabajo ya fecundó la reina
Ahora tiene que morir y muere. Muero
panza arriba
y las patas
y las tenazas
y el poema encima
Y yo las patas
y yo el poema
y yo la panza arriba
con el poema encima.
en forma de poema
o quiero un poema y un escarabajo?
Es un poema, ahi arriba
yo lo veo, mis patas no lo pueden tocar
El escarabajo ya fecundó la reina
Ahora tiene que morir y muere. Muero
panza arriba
y las patas
y las tenazas
y el poema encima
Y yo las patas
y yo el poema
y yo la panza arriba
con el poema encima.
martes 20 de octubre de 2009
la vida es un burdel
Teclas de piano en cautiverio
cayendo como piedras.
Matando erecciones
a punte poesía.
La puta poesía,
las dos mías,
la puta y la poesía.
cayendo como piedras.
Matando erecciones
a punte poesía.
La puta poesía,
las dos mías,
la puta y la poesía.
lunes 12 de octubre de 2009
púdrete pablo neruda
No me gusta cuando callas
Ni cuando estás como ausente
Ni me oyes ni me tocas.
Y tu voz y tus ojos desde lejos,
Y ni un beso y ni una boca, ni tus bocas.
Todas las cosas llenas de nada
Y ninguna de ellas vacías de mi alma
Ni mariposas ni sueños ni alma mía
Tu no emerges de las cosas. Mi melancolía
Otra vez callada, otra vez distante
Y quejándote con mariposas, no me oyes no me alcanzas
Pienso si me arrullo
Para poder callar este silencio tuyo
Deja que calle con tu silencio y el mío
Para romper lámparas y derretir anillos
Los dos somos la noche, callados, constelados
Ni el silencio ni la estrella son lejanos, son sencillos.
No me gusta cuando callas
Y peor como ausente
Eres dolorosa y distante y todavía no te has muerto
Ya nunca una palabra, peor una sonrisa
Y vivo triste, triste porque siempre es cierto.
http://www.amediavoz.com/neruda.htm#POEMA%2015...%20ME%20GUSTAS%20CUANDO%20CALLAS...
Ni cuando estás como ausente
Ni me oyes ni me tocas.
Y tu voz y tus ojos desde lejos,
Y ni un beso y ni una boca, ni tus bocas.
Todas las cosas llenas de nada
Y ninguna de ellas vacías de mi alma
Ni mariposas ni sueños ni alma mía
Tu no emerges de las cosas. Mi melancolía
Otra vez callada, otra vez distante
Y quejándote con mariposas, no me oyes no me alcanzas
Pienso si me arrullo
Para poder callar este silencio tuyo
Deja que calle con tu silencio y el mío
Para romper lámparas y derretir anillos
Los dos somos la noche, callados, constelados
Ni el silencio ni la estrella son lejanos, son sencillos.
No me gusta cuando callas
Y peor como ausente
Eres dolorosa y distante y todavía no te has muerto
Ya nunca una palabra, peor una sonrisa
Y vivo triste, triste porque siempre es cierto.
http://www.amediavoz.com/neruda.htm#POEMA%2015...%20ME%20GUSTAS%20CUANDO%20CALLAS...
martes 29 de septiembre de 2009
hecatombe de papas fritas.
Y camino y camino por calles concurridas, huelo fritos, perfumes, alguien suda por ahí. Muchos, muchos carros. Y yo cruzo las calles con ojos por todos lados. Parece que hoy no quiero morir. Y siento mi estómago dar vueltas. Y veo los borrachos, las lobas y muchas tan buenas y tan tontas, pero ni una conmigo y quisiera estar igual de borracho o igual de bueno y tonto. Y pienso en ella, inevitablemente en ella. No se ni por qué, pero cuando pasa me odio. Otra vez?...y ahora cuando va a parar?...es lo único que atino a farfullar. Y entonces empiezo a gruñir solo. Las ganas de gritar, de insultar son poderosas, pero contengo la rabia y lo que sale es un gruñido, o un escupitajo carraspeado de nostalgia. Y pienso en lo que voy a escribir, o mejor pienso que ya estoy escribiendo y que ésta vez sería sin parar. Cuatro, cinco horas escribiendo, llenando páginas y páginas, pero vuelve el golpe a la cabeza y se me viene otro capítulo, otro maldito flash back de ella y me llega al estómago, me quita el aire, pero nunca la humedad y sudo y lloro, y vuelvo a llorar y me vuelvo a odiar más.
Pero respiro, ahh cómo respiro…me como el humo de los carros y quiero fumarme todas las manzanas, fumarme el día, fumarme ella, fumarme yo y fumar y fumar hasta desaparecer. Para dejar de rendirle tributo todos los días, para dejar de armar caminos de palabras, para dejar de gruñirle a todo.
Y sigo caminando y me acerco a la casa, no quiero llegar temprano, no quiero llegar nunca. Me meto desesperado a un aceitoso kiosco, el del parque, y pido una hecatombe de papas fritas. Y veo y siento y huelo el aceite, la señora gorda y aburrida, le tele prendida, las colas descoloridas. Y nada puede ser tan deprimente y las papas sin sal y la vieja sin alma. Y yo vuelvo a pensar en ella, y pienso en que debo freírme lleno de aceite hirviendo y mezclarme con las papas desabridas, y quedar sólo como olor. Ese olor a pelos quemados y piel chamuscada. Y pienso en los incendios, aquí, allá y el morrison nunca deja de aparecer y i see your hair is burning. Pero ni cagando esto es los ángeles y acá nunca habrá un l.a. woman porque kito se escribe con k y me siento a salvo por un segundo, porque llegué a los sagrados.
Pero se que no dura nada, porque mientras me como esas papas sin alma, sin sal, la tele me lleva imágenes ridículas de corvas bailando entre miseria y sorprendentemente me dan ganas de follar. Es una señal de vida, grito para mis adentros. Y avanzo con el ají y la mayonesa y ahora si por fin la sal, vieja de mierda, y devoro y devoro. Llegan otros, por suerte, más gordos, más feos y más estúpidos que yo. Y es momento de pagar y huir, sintiéndome gordo, aceitoso, obsesivo, corrosivo.
Y veo sombras, sudores negros, mugre con frentes humanas, y chicles desnutridos y me cambio de vereda urgente, aunque lo que quisiera es cambiarme de vida, de mundo, de nombre al menos. Y nuevamente huyo y ya estoy en la casa y no quiero encontrarme con nadie conocido. Y corro a las esquinas, me choco contra las paredes y cuento una dos y tres y cuatro paredes! cómo te entiendo vallejo. Y este estado no tiene solución y si llueve que llueva bien, y si duele que duela mejor. Y me acuerdo de las ganas de follar y prendo la tele, y prendo la computadora y de pronto se me van las ganas de todo y me encuentro acostado, inmovilizado observando en el techo cómo se resbalan esos poemas impregnados, cómo se derriten y dejan mancha, mancha de grasa, mancha de refritos y mezclas sarnosas, como comerse recuerdos follando traseros grandes y gritando poemas. Y otra vez vuelvo a tener miedo de mi y me pongo yo mismo la camisa de fuerza y yo mismo me hago doble nudo de corbata. Yo mismo ajusto pantalones y lanzo anclas desesperadas, conexiones a tierra, mensajes cifrados. Nunca dejo de sentirme observado y se cuelga la computadora y nos colgamos todos.
Pero respiro, ahh cómo respiro…me como el humo de los carros y quiero fumarme todas las manzanas, fumarme el día, fumarme ella, fumarme yo y fumar y fumar hasta desaparecer. Para dejar de rendirle tributo todos los días, para dejar de armar caminos de palabras, para dejar de gruñirle a todo.
Y sigo caminando y me acerco a la casa, no quiero llegar temprano, no quiero llegar nunca. Me meto desesperado a un aceitoso kiosco, el del parque, y pido una hecatombe de papas fritas. Y veo y siento y huelo el aceite, la señora gorda y aburrida, le tele prendida, las colas descoloridas. Y nada puede ser tan deprimente y las papas sin sal y la vieja sin alma. Y yo vuelvo a pensar en ella, y pienso en que debo freírme lleno de aceite hirviendo y mezclarme con las papas desabridas, y quedar sólo como olor. Ese olor a pelos quemados y piel chamuscada. Y pienso en los incendios, aquí, allá y el morrison nunca deja de aparecer y i see your hair is burning. Pero ni cagando esto es los ángeles y acá nunca habrá un l.a. woman porque kito se escribe con k y me siento a salvo por un segundo, porque llegué a los sagrados.
Pero se que no dura nada, porque mientras me como esas papas sin alma, sin sal, la tele me lleva imágenes ridículas de corvas bailando entre miseria y sorprendentemente me dan ganas de follar. Es una señal de vida, grito para mis adentros. Y avanzo con el ají y la mayonesa y ahora si por fin la sal, vieja de mierda, y devoro y devoro. Llegan otros, por suerte, más gordos, más feos y más estúpidos que yo. Y es momento de pagar y huir, sintiéndome gordo, aceitoso, obsesivo, corrosivo.
Y veo sombras, sudores negros, mugre con frentes humanas, y chicles desnutridos y me cambio de vereda urgente, aunque lo que quisiera es cambiarme de vida, de mundo, de nombre al menos. Y nuevamente huyo y ya estoy en la casa y no quiero encontrarme con nadie conocido. Y corro a las esquinas, me choco contra las paredes y cuento una dos y tres y cuatro paredes! cómo te entiendo vallejo. Y este estado no tiene solución y si llueve que llueva bien, y si duele que duela mejor. Y me acuerdo de las ganas de follar y prendo la tele, y prendo la computadora y de pronto se me van las ganas de todo y me encuentro acostado, inmovilizado observando en el techo cómo se resbalan esos poemas impregnados, cómo se derriten y dejan mancha, mancha de grasa, mancha de refritos y mezclas sarnosas, como comerse recuerdos follando traseros grandes y gritando poemas. Y otra vez vuelvo a tener miedo de mi y me pongo yo mismo la camisa de fuerza y yo mismo me hago doble nudo de corbata. Yo mismo ajusto pantalones y lanzo anclas desesperadas, conexiones a tierra, mensajes cifrados. Nunca dejo de sentirme observado y se cuelga la computadora y nos colgamos todos.
martes 22 de septiembre de 2009
El mouse en la nariz
La ventaja es que me deshice de tu ciudad por un rato
Pero me escapé contigo y tú no viniste conmigo
Ahora tengo una ciudad vacía.
Desesperado,
veo inundarse las calles de tu silueta
Y pegajosos recuerdos con canciones equivocadas.
Ahora soy deforme
Tengo una protuberancia que me recorre el cuerpo
Parezco víbora atragantándose con su presa
Esto de olvidarte va muy despacio.
Como si yo engullera
Y tu me atraviesas entero,
atorando y alimentándome.
Asfixiándome.
Pero me escapé contigo y tú no viniste conmigo
Ahora tengo una ciudad vacía.
Desesperado,
veo inundarse las calles de tu silueta
Y pegajosos recuerdos con canciones equivocadas.
Ahora soy deforme
Tengo una protuberancia que me recorre el cuerpo
Parezco víbora atragantándose con su presa
Esto de olvidarte va muy despacio.
Como si yo engullera
Y tu me atraviesas entero,
atorando y alimentándome.
Asfixiándome.
domingo 13 de septiembre de 2009
El héroe de cocaína
UNO
La avalancha incontrolable de taxis, colectivos y combis los tenía atrapados en mitad de la avenida. Hombre y mujer aterrorizados frente a la imposibilidad de alcanzar la otra vereda.
Rápidamente el flujo de carros los rodeó y ahora estaba la pareja de ancianos sin poder avanzar un paso hacia delante y peor regresar. El bastón del anciano y la avanzada edad de ambos completaba el cuadro de desesperación que sentían esos pobres abuelos aventurados a cruzar la calle.
Sus rostros estaban perlados por el frío sudor del miedo. Como niños asustados no se soltaban de la mano y buscaban con la mirada alguna posibilidad de escape y sobrevivencia.
Los transeúntes seguían su camino apurado y en un segundo era como si los abuelos hubieran pasado a formar parte del tránsito cotidiano. El semáforo nunca cambió a verde y la violencia de la ciudad había convertido a ese par de ancianos en un monumento más, de esas estatuas que son honradas por las gargantas de niños en las escuelas y por el patriótico excremento de las palomas. La escena podía durar segundos infinitos en los que la muerte era una posibilidad entre tantas.
Sin poder tolerarlo más, el héroe de cocaína sintió ese terrible impulso que se apoderaba de él y lo manejaba a placer, buscó una esquina.
---sniff---sniff-----
--Esta va por ustedes, y ésta va por mi-- se repitió. Dos tiros directos al cerebro y a la sangre, uno por cada ternilla de la nariz.
Era inevitable. Su patológica y compulsiva disposición de ayudar ya lo había poseído. Extendiendo los brazos y matando con la mirada a los choferes les ordenó detenerse. El desprecio y el odio se veían en sus ojos. La sensación de absoluto poder que le recorría las venas se multiplicaba por mil cuando los carros pararon y por fin el fragor del tráfico se detuvo.
Los ancianos todavía no lograban reaccionar cuando el héroe de cocaína llegó donde ellos. Los miró y les habló suavemente, con delicadeza tomó las manos de los ancianos que parecían haberse congelado de tan fuerte que se estaban apretando. Cuando los abuelos ya se repusieron del impacto, lentamente empezaron a caminar hacia la otra vereda. El héroe de cocaína controlaba con la mirada cargada de violencia a los asesinos escondidos en sus vehículos que esperaban impacientes el lento cruzar de los ancianos.
“Dios te bendiga hijo mío” le dijo la anciana y su mano fría y llena de pecas le acarició el rostro al héroe.
Éste huyó de los ancianos rápidamente. Cuando llegó a la esquina otra vez las lágrimas le habían lavado el rostro.
---sniff…sniff--
--Ésta va por mi--se repitió.
Tomó un taxi esperando angustiosamente llegar a casa y desplomarse. Estaba exhausto.
DOS
El sol había salido ya hace unas cuatro horas pero el día estaba gris. El héroe de cocaína observaba desde su cama por la ventana. Incapaz de levantarse ese día estaba despierto desde los primeros ruidos de la mañana de su vecindario.
Cuando niño todos trataban de animarlo para que no esté triste y sonría, juegue o haga las gracias que a todos los niños se les obliga que hagan. Eso nunca fue algo que se vio en el pequeño héroe. Más tarde, cuando la crueldad abunda entre los niños monstruos que están creciendo, todos se burlaban porque lloraba cuando se enojaba, se emocionaba o peleaba. Ya era grande pero todavía mordía para defenderse en las grescas infantiles.
Pues ese día gris, otra vez, inexplicablemente las lágrimas le brotaban imparables sumiéndolo en un estado de desolación total en el que ningún poder humano lo haría sobreponerse. Ese día simplemente no podría bajarse de la cama. Eso sería humanamente imposible.
Pero generalmente los héroes tienen algo de sobrehumano.
Sniff…Sniff.
Dos tiros directos. Se acostó en posición absolutamente horizontal para poder sentir el flujo de energía extra y poder canalizarlo.
Sniff…Sniff.
Dos tiros no fueron suficiente y ahora era un poco más complicado canalizar el poder de la coca. A veces no hay fuerza humana y peor sobrehumana que levanten a un hombre de la cama.
El héroe de cocaína sabía que no podía exagerar con la tercera dosis pues su ánimo ese día estaba demasiado gris como para arriesgarse. La última vez que tomó tres dosis con el ánimo por los suelos, se sorprendió a si mismo sacándole la puta al mototaxista que casi lo atropella.
No, esta vez lo mejor que podía hacer por la humanidad era no salir de la cama los días que fueran necesarios.
La avalancha incontrolable de taxis, colectivos y combis los tenía atrapados en mitad de la avenida. Hombre y mujer aterrorizados frente a la imposibilidad de alcanzar la otra vereda.
Rápidamente el flujo de carros los rodeó y ahora estaba la pareja de ancianos sin poder avanzar un paso hacia delante y peor regresar. El bastón del anciano y la avanzada edad de ambos completaba el cuadro de desesperación que sentían esos pobres abuelos aventurados a cruzar la calle.
Sus rostros estaban perlados por el frío sudor del miedo. Como niños asustados no se soltaban de la mano y buscaban con la mirada alguna posibilidad de escape y sobrevivencia.
Los transeúntes seguían su camino apurado y en un segundo era como si los abuelos hubieran pasado a formar parte del tránsito cotidiano. El semáforo nunca cambió a verde y la violencia de la ciudad había convertido a ese par de ancianos en un monumento más, de esas estatuas que son honradas por las gargantas de niños en las escuelas y por el patriótico excremento de las palomas. La escena podía durar segundos infinitos en los que la muerte era una posibilidad entre tantas.
Sin poder tolerarlo más, el héroe de cocaína sintió ese terrible impulso que se apoderaba de él y lo manejaba a placer, buscó una esquina.
---sniff---sniff-----
--Esta va por ustedes, y ésta va por mi-- se repitió. Dos tiros directos al cerebro y a la sangre, uno por cada ternilla de la nariz.
Era inevitable. Su patológica y compulsiva disposición de ayudar ya lo había poseído. Extendiendo los brazos y matando con la mirada a los choferes les ordenó detenerse. El desprecio y el odio se veían en sus ojos. La sensación de absoluto poder que le recorría las venas se multiplicaba por mil cuando los carros pararon y por fin el fragor del tráfico se detuvo.
Los ancianos todavía no lograban reaccionar cuando el héroe de cocaína llegó donde ellos. Los miró y les habló suavemente, con delicadeza tomó las manos de los ancianos que parecían haberse congelado de tan fuerte que se estaban apretando. Cuando los abuelos ya se repusieron del impacto, lentamente empezaron a caminar hacia la otra vereda. El héroe de cocaína controlaba con la mirada cargada de violencia a los asesinos escondidos en sus vehículos que esperaban impacientes el lento cruzar de los ancianos.
“Dios te bendiga hijo mío” le dijo la anciana y su mano fría y llena de pecas le acarició el rostro al héroe.
Éste huyó de los ancianos rápidamente. Cuando llegó a la esquina otra vez las lágrimas le habían lavado el rostro.
---sniff…sniff--
--Ésta va por mi--se repitió.
Tomó un taxi esperando angustiosamente llegar a casa y desplomarse. Estaba exhausto.
DOS
El sol había salido ya hace unas cuatro horas pero el día estaba gris. El héroe de cocaína observaba desde su cama por la ventana. Incapaz de levantarse ese día estaba despierto desde los primeros ruidos de la mañana de su vecindario.
Cuando niño todos trataban de animarlo para que no esté triste y sonría, juegue o haga las gracias que a todos los niños se les obliga que hagan. Eso nunca fue algo que se vio en el pequeño héroe. Más tarde, cuando la crueldad abunda entre los niños monstruos que están creciendo, todos se burlaban porque lloraba cuando se enojaba, se emocionaba o peleaba. Ya era grande pero todavía mordía para defenderse en las grescas infantiles.
Pues ese día gris, otra vez, inexplicablemente las lágrimas le brotaban imparables sumiéndolo en un estado de desolación total en el que ningún poder humano lo haría sobreponerse. Ese día simplemente no podría bajarse de la cama. Eso sería humanamente imposible.
Pero generalmente los héroes tienen algo de sobrehumano.
Sniff…Sniff.
Dos tiros directos. Se acostó en posición absolutamente horizontal para poder sentir el flujo de energía extra y poder canalizarlo.
Sniff…Sniff.
Dos tiros no fueron suficiente y ahora era un poco más complicado canalizar el poder de la coca. A veces no hay fuerza humana y peor sobrehumana que levanten a un hombre de la cama.
El héroe de cocaína sabía que no podía exagerar con la tercera dosis pues su ánimo ese día estaba demasiado gris como para arriesgarse. La última vez que tomó tres dosis con el ánimo por los suelos, se sorprendió a si mismo sacándole la puta al mototaxista que casi lo atropella.
No, esta vez lo mejor que podía hacer por la humanidad era no salir de la cama los días que fueran necesarios.
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